sábado, 3 de septiembre de 2011

DE LO HUMANO A LO DIVINO

En el principio del tiempo, todos los seres se prestaron al experimento de la realidad física dentro del conti­nuo espacio-tiempo. Tú eras parte de la conciencia que ideó la experiencia de la realidad física, como experimento en una dimensión que contenía la forma. Decidiste participar en este experimento al decidir manifestar la forma en la di­mensión de la realidad física. Casi todos vosotros habéis olvidado que decidisteis participar en este experimento en la forma. Muchos de vosotros os sentís separados de Dios, de la energía divina, por vuestra existencia en la forma. Sentís que Dios os ha rechazado, en algún sentido. Os sentís aisla­dos y solos.

Todos los seres están unidos con la energía divina, ya existan en la forma o en otras di­mensiones del ser. Estás acercándote a tu Ser. Comienzas a comprender que nunca te alejaste del hogar. Dios vive en cada manifestación de la creación. Dios vive en ti. No estás separado de Dios o de tu prójimo. Esta es una ilusión que han creado quienes experimentan la forma física.

Es preciso que termine la ilusión de separación. Tu planeta se enfrenta a un período de su existencia en que la unión debe manifestarse de nuevo. Sois uno; somos uno; sólo hay un Dios. Todos los seres existen como Dios, en Dios, a través de Dios, como uno. La ilusión de separación debe ser superada, para que la unión de todos los seres en el planeta Tierra pueda ser la realidad que se manifiesta en la forma, así como más allá de la forma. Se te invita a descar­tar la ilusión de separación para pasar a la experiencia de la verdad, de la unidad, del único Dios que existe en todos los seres, ya sea en la forma o más allá de ella. Se te invita a vivenciar tu unión con Dios, una vez más. Se te invita a vivenciar el hogar dondequiera estés, quienquiera seas. Se te invita a descartar tu aislamiento para reencontrarte con el Dios que existe dentro de ti y dentro de todos los seres, tu prójimo. Esperamos tu llegada al hogar.

Vuestro ser físico es una fracción mínima de la totalidad de vuestro ser. Otros aspectos de vuestro ser existen simultáneamente en otras dimensiones. Estáis habi­tuados a identificaros sólo con el cuerpo físico que habitáis. Estáis habituados a identificaros con las emociones, los pensamientos, las opiniones, las sensaciones que experimentáis en vuestro cuerpo físico. En otros momentos captáis una fugaz visión de las otras dimensiones de vuestro ser. Este es uno de los motivos por los que tantos de vosotros buscasteis la experiencia de las drogas. No es necesario utilizar drogas para experimentar otros aspectos de vuestro ser. La medita­ción ha servido por milenios a la humanidad como vehículo para trascender la forma física. La meditación es una herra­mienta útil para desechar la identificación con el cuerpo.

Te has encarnado en tu Tierra en este momento de su evolución a fin de efectuar tú mismo el salto de conciencia y para servir a tu prójimo, ayudándolo a efectuar ese salto. Puedes cumplir tu destino mediante el crecimiento propio y compartiendo ese crecimiento con otros. Ha llegado el mo­mento. Tu Tierra necesita de tu colaboración, Tienes la opor­tunidad de cumplir tu destino en esta vida.

Estás leyendo este MENSAJE porque has despertado lo su­ficiente para poder reconocer la verdad. Por eso estas pala­bras hallaron el modo de llegar a ti. Ya has hecho mucha preparación; de lo contrario este libro no te habría llegado. Quizá tienes conciencia de la preparación que has efectuado en tu conciencia; quizás esa preparación fue efectuada en otras vidas y no tienes conciencia del trabajo que has hecho en preparar tu conciencia para este período de la historia de tu Tierra. Es hora de estar alerta. Tienes un papel que des­empeñar y estás listo. Siempre habrá más preparación a rea­lizar. Debes saber que estás perpetuamente en el proceso de convertirte en un Ser realizado. No llegarás del todo hasta que todos los seres despierten a la verdad de que son amor, luz y Dios. Entonces el juego estará completo. Sin embargo, hasta ese momento tienes que seguir creciendo. Este libro es un reconocimiento de lo que ya has crecido. También es un aviso de que hay y habrá siempre más crecimiento que lo­grar. Participas en una gozosa búsqueda de la verdad de tu identidad. Estas palabras llegan a ti como cartel indicador en tu viaje. Disfruta.
En la búsqueda de la verdad de tu identidad has estado viajando por muchas, muchas vidas. Esta vida puede ser la culminación de ese viaje. En esta vida puedes realizar la verdad de tu identidad. Estás listo para efectuar el salto en­tre el identificarte con tu forma física, con tus pensamien­tos, con tus emociones, y el saber que eres un ser magnífico, que existe en muchos, muchos planos de experiencia y que un aspecto de tu ser es la forma física, los pensamientos y las emociones que acompañan la personalidad ligada a esa forma. En tu encarnación actual, muchos sucesos han dado forma a la psicología de tu personalidad. Tienes conciencia de los efectos que muchos sucesos de esta vida han tenido en tu expresión personal. Estos sucesos fueron atraídos ha­cia ti por tu conciencia superior, para desarrollar facetas de tu ser que necesitaban completarse en esta encarnación.
Has estado preparándote para este momento de tu pla­neta durante milenios del tiempo mortal. Tal vez no te creas preparado. No obstante, el hecho de que este libro haya lle­gado a tí es una señal de que estás listo. Puedes confiar en que hay un motivo por el cual estás leyendo estas páginas.
No es por casualidad que has estado investigando tu espiri­tualidad. No es por casualidad que tu sociedad ha comenza­do a despertar. Hay en tu cultura muchas señales de que se está produciendo un cambio de conciencia. Las listas de los libros más vendidos se toman porcentualmente más y más espirituales. Las películas de los cines se vuelven al mismo tiempo más espirituales y más violentas. La violencia es una reacción al crecimiento espiritual de tu gente, así como el caos que presencias y presenciarás en tu planeta es una reacción al cambio de conciencia del planeta. Es hora de que reconozcas tu participación en la transformación de con­ciencia que se está produciendo. No eres un simple observa­dor.

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